Asi dice el rayado sobre la muralla
y es así como será
sin agua no hay vida
y el sabio-delicado equilibrio de la vida en el valle
se desvanecerá
quedando vacías las calles
muertas
y el vergel será sólo un recuerdo lejano
Damn CONAMA damn legisladores damn intereses económicos cortoplazistas
y como una imagen vale más que mil palabras acá un documental que algo aclara la turbia historia de Barrick Gold.
http://www.youtube.com/watch?v=w8WZgEZgCvE
en el mismo link aparecen las demás partes del docu...
viernes, 8 de mayo de 2009
sábado, 4 de abril de 2009
Es una lástima
viernes, 27 de marzo de 2009
March, twenty seven
Los tres casi juntos. Si paso marzo estoy salvada, ¿no?. Tú primero, luego ellos dos. Pero eras tú con quien hacía huevitos de pascua con galletas molidas y leche condensada. Siempre lo recuerdo. (Siempre te recuerdo). Y metida en tu jardín lleno de flores que luego cortaba y te llevaba de regalo, y tú tratando de sonreír bajo el horror que la niñita de 4 años degollara las camelias... Recuerdo tus manos que olían a trementina, y que a veces pasaba mi dedo -sólo un poquito- sobre el óleo fresco del lienzo pues así yo también me sentía artista. Y las comidas extrañas, ya que siempre olvidabas algún ingrediente o agregabas nuevos según el ánimo creativo del momento. Los cajones repletos de objetos, todos enredados entre si; del pañuelo colgaba un collar de perlas, el hilo de coser, un guante, un lápiz y lo que quisiera huir del caos que tanto te gustaba. (¡A mi también!). El desayuno en la cama, leche con vainilla en taza blanca con tréboles verdes y la tostada con mantequilla. Y tu risa. La mejor que nunca oí. Ever. El aroma de los pañuelos que siempre llevabas al cuello. 9711. (También la tengo, pero ese es un secreto entre tú y yo). Las repisas con polvo y colores. Los especieros pegajosos y llenos de aromas nuevos para mí. Zuko en frasco de vidrio. Sémola caliente con salsa de frambuesa (¡caliente!, argg). Tu risa nuevamente. Y no preocuparte demasiado por nada que no valiera la pena. Entrar corriendo a tu casa para abrazarte fuerte, fuerte. Casi sabiendo que no teníamos tanto tiempo, ¿eh?. Que seas feliz donde estás; sé que es así.
Enjoy the ride, love you.
Enjoy the ride, love you.
domingo, 15 de marzo de 2009
El hombre que aprendió a ladrar
Antes de devolver el libro (después de dos años de tenerlo en casa es hora de retornarlo...) agrego otro cuento de Mr. Benedetti.
El hombre que aprendió a ladrar
Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje con lapsos de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacerlo algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Que lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor. “La verdad es que ladro por no llorar”. Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?.
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue comprendido por su Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?”. La respuesta de Leo fue escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano”.
Mario Benedetti, de su libro Despistes y franquezas
El hombre que aprendió a ladrar
Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje con lapsos de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacerlo algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Que lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se autoflagelaba con humor. “La verdad es que ladro por no llorar”. Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?.
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue comprendido por su Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime Leo, con toda franqueza: ¿qué opinás de mi forma de ladrar?”. La respuesta de Leo fue escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano”.
Mario Benedetti, de su libro Despistes y franquezas
jueves, 12 de marzo de 2009
Sweet dreams
martes, 10 de marzo de 2009
Cinco para los cien...
lunes, 9 de marzo de 2009
Umbrales
"Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. El padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales."
Mario Benedetti "Su amor no era sencillo". Cuento incluido en su libro Despistes y Franquezas
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